Cuando Royal vio los moretones oscuros en el torso y la espalda de la niña, su corazón se detuvo. Sus ojos se abrieron de par en par y un frío recorrió su cuerpo.
—Coral... —susurró de repente.
Coral giró sobresaltada, cubriéndose el torso con sus brazos.
—¡Papá! ¿Porqué volviste a entrar? —gritó, con la voz temblorosa y cargada de vergüenza y miedo.
Royal se acercó rápidamente, cayendo de cuclillas frente a ella, buscando nivelarse con su pequeña. Sus ojos exploraban cada rincón de su cuerpo,