Royal salió de la mansión en un torbellino de furia. Cada paso que daba resonaba como un eco de su enojo por los pasillos silenciosos de la casa. Su mandíbula estaba tensada y sus ojos inyectados de rabia.
Al llegar al vestíbulo, se encontró con Magalí.
—¿A dónde vas de nuevo? —preguntó ella con curiosidad al notar la urgencia en Royal.
—Tengo que salir —respondió él, con un tono seco y apresurado.
—¿No vas a llevarme a casa? ¿O prefieres que me quede aquí? —agregó, ya que Magalí no vivía en la