A MERCED DEL DINERO. C107: Eres la mujer que quiero para mí.
Richard la contempló con una angustia latente, como si temiera que con esas palabras ella estuviera destrozando la única esperanza que había albergado en su corazón. Sus labios, que aún ardían por el contacto de los de Marfil, se entreabrieron para respirar una confesión que parecía escaparse desde lo más profundo de su alma.
—Estoy enamorado de ti, Marfil. No es un capricho, no es solo un deseo. Te quiero y quiero estar contigo.
Sus palabras flotaron entre ellos, pero Marfil no se dejó arrastr