El deseo había causado que, en la tina, se besaban de tal forma que las caricias no llegaban a su fin. Las dudas que siempre estaban alimentando las inseguridades, no podían tocarlos. Porque ni siquiera el dolor de las heridas, eran suficiente para detener los toques entre ellos.
Charlotte, sabiendo que lo deseaba, pero, dudando de cuánto iba a durar esto o si sería algo serio, se dejaba acariciar mientras los gemidos inundaban el baño y el agua caía al suelo. Aun con su cuerpo doliendo del ún