Charlotte asiente tranquila y con ayuda de Curthwulf, se sienta en uno de los muebles con un arma en la mano, que le entrega Curthwulf.
— Iré a revisar la casa. Quizás aun este ese desgraciado aquí.
— Déjame ir contigo.
— Debes estar agotada — dice Curthwulf.
— Con todo lo que he vivido, no podría quedarme aquí sola, tengo miedo, llévame contigo — pide Charlotte y Curthwulf asiente.
Los dos se marchan y bajo las indicaciones de una mujer que corrió por toda la casa, llegan a la puerta que esta