Tres días después.
Ginebra, Suiza.
La calma había regresado en la vida de los niños y Charlotte, pero Curthwulf, vivía en constante preocupación. Seguía sin saber quién era Theodora y mucho menos Gustav, por lo que, no sabía cómo relacionar el ataque que el cambia formas le había mostrado como personal.
Tampoco, había una sola señal de él y saber que ese hombre había podido escaparse de una isla de la que él tenía absoluto poder, era preocupante. Porque ya había violado los dos lugares que él c