Intento con todas mis fuerzas golpear al tipo que lastimó a mi hermano, pero apenas le puedo pegar, el segundo me quita el bate con agresividad, y me carga lejos de este. No me quedo quieto, lucho con todo lo que tengo dando patadas y gritando que me suelte. No me suelta. El otro está hablando con alguien al celular en una esquina.
Adela va corriendo a donde está Dan, tirado en el suelo quejándose del dolor. Apenas se puede sentar.
—¡No tienen que usar la fuerza! ¡Ya les firmé los papeles! ¡Lár