Aparte de la expresión de tragedia griega que veo en el rostro de Damián, el señor aquí presente no es que me dé mucho más. Mi reacción es evidente, le he dado mucho de mí al hombre con el que me casé, para que me traicioné de la forma más mundana y predecible posible: con otra mujer.
—¡¿Por qué no me respondes Damián?! — le grito — ¿Tan rápido te aburriste de mí y ahora sólo me quieres como niñera y ama de casa?
—¡No! ¿Por qué estás pensando de ese modo Leonora? — dice sin elevarme la voz — ¿N