Sabía que las bodas eran estresantes, pero no así de estresantes. Con una organizadora maniática amenazando con derrumbar la puerta si no le abro, y el novio encerrado en el baño dolido por la “supuesta infidelidad” que había sufrido.
Si no me moría del estrés, ese sería el milagro de la noche.
—¡Leonora llevamos 10 minutos de retraso! ¡Necesitas salir! ¡Mi carrera está en juego si no salen ya! — me grita histéricamente al otro lado de la puerta Beatrice.
—¡Tengo diarrea, Beatrice! ¡Espera a qu