Lo cuento y no lo creo, mañana me casaría con Damián. Era inminente, tan inminente que ya había volado a donde mi familia, para tener mi despedida de soltera.
Nada muy loco como esa noche en Miami que inició todo esto, pero lo suficientemente divertido como para incluir a todas mis hermanas, primas y amigas. También había podido comprar mi vestido de novia en compañía de todas ellas. Fue un desastre, con un buen final.
Sobre mis padres, bueno, mamá es la que más está dando su brazo a torcer. Es