¿Quién diría que estaría acompañada de mi jefe amargado en un banco de este famoso parque? ¿Comiendo ambos cannolis y bombolinis rellenos? Sólo, que no es él por completo. Los dos devoramos los dulces italianos con gusto.
—Esto está mundial. Prometo que te pagaré lo que gastaste. Cuando me paguen, lo haré. Estoy quebrado — asegura.
Me tengo que reír por el disparate que acaba de decir. Damián Goldstein no está quebrado ni a los golpes. Le sigo el juego.
—¿Seguro que lo estás? He visto donde viv