Alessandro se quedó estático detrás de su escritorio, con la mirada fija en la puerta por la que Bianca acababa de desaparecer. El eco de sus palabras, tan descaradas y cargadas de una sensualidad vengativa, seguía flotando en el aire pesado del despacho, quemándole los oídos. Tenía los puños tan apretados que sentía el dolor en las articulaciones, pero lo que verdaderamente lo estaba asfixiando era el caos que rugía en su pecho. Se sentía completamente incapaz de procesar o entender sus propi