Capítulo 13
Una hora más tarde, Alan entró al despacho de Alessandro. Ya se había encargado de que Bianca se encerrara en su habitación a calmarse, aunque para ser sinceros, el pobre asistente todavía sentía que el corazón le bailaba un zapateado dentro del pecho. El perfume de la chica se le había quedado pegado en la ropa y no podía dejar de pensar en lo bien que se sentía tenerla así de cerca.

El millonario, por su parte, estaba trabajando en su escritorio, completamente ajeno a la alianza que se había
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