Bianca tardó varios minutos en reaccionar. Cuando el silencio volvió a reinar en el piso veintiocho, deslizó sus manos lejos de su boca y soltó un largo suspiro retenido, sintiendo que el corazón le martillaba con fuerza en los oídos. Salió de debajo del pesado escritorio gateando con cuidado, estirando sus entumecidas piernas vestidas con el tosco uniforme azul. Se apoyó en la lujosa silla ejecutiva para ponerse de pie, con la mente dándole vueltas a mil por hora.
Las palabras de Emma segu