Capítulo XI. La fuerza de la unión del Alfa y su Luna.
Arcel.
Mientras me llevaba a mi luna, en mis brazos, a nuestra habitación, me di cuenta de que ella estaba totalmente entregada, si no controlo mis hormonas, mi instinto de poseerla tomaría el control, para colmo esta mujer no ayudaba, sus feromonas de hembra excitada estaban anulando mi juicio.
Tras besarla me di cuenta de que su cuerpo había claudicado, y según mi lobo interior su loba estaba más que dispuesta para ser liberada, pero la advertencia en mi cabeza de Mémé, me lo dejó claro.
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