Fue subir al auto y conducir al complejo donde vivía Andrew.
Ambos cruzaron el pasillo tras salir del elevador entre risas, como si fueran unos pubertos en medio de una travesura de su adolescencia y, al llegar a la puerta del apartamento, Hannah lo detuvo, lo agarró del cuello de la camisa para llevarlo a su altura y le plantó un beso en los labios que lo obligó a corresponder, y se dejó ir contra la puerta con una sonrisita traviesa.
—Señorita Roth, ¿no está un poco ansiosa?
Los afilados y he