Al ver que colgaba, Alisson, sentada en la pequeña sala dibujando, le preguntó:
—Papi, ¿encontraste a la persona mala?
—Sí, cariño —respondió él, un poco sorprendido por su pregunta tan asertiva.
—¿La castigarás?
—Algo así. —Él le dio una sonrisa—. Ya no volverá a molestarnos, te lo aseguro.
Una sonrisita pintó los labios de la niña.
—¿Puedo abrazarte, papi?
—Claro, ven aquí.
Ella se levantó sin esperar más y caminó a su escritorio, lo rodeó y se paró a su lado. Andrew la levantó, la sentó en s