Emma abrió los ojos como platos, consternada al oír semejantes palabras.
¿Ella? ¿Arrodillarse ante una insulsa perra de clase baja porque quisieron matarle a su bastarda? ¡Jamás! Frunció el ceño y miró a la castaña con evidente desprecio.
Hannah, con gesto resuelto, se limitó a comentarle a su jefe.
—Señor Cook, ¿tiene las pruebas que demuestran sus palabras?
El varón volteó hacia ella y asintió con la cabeza.
—Por supuesto, señorita Roth. La señorita Becker no es tan inteligente como cree; fue