61. Has cumplido tu promesa
Gabriel nunca había estado tan desesperado como lo estaba en esos momentos. Ni siquiera cuando Sofía se fue de la mansión sintió lo que estaba sintiendo en esos momentos al ser consciente de que su mujer y su hija eran el blanco de esa maldita secta.
Los ojos grandes de la fierecilla lo estaban viendo entre incrédulos y aterrados y eso hacía que el corazón se le encogiera en el pecho. Se había imaginado cientos de escenarios en los que volvía a encontrarse con ella y ahora que la tenía enfrente