68. No te atrevas a tocar a mis amigos
El grito de Sofía partió el aire en dos y despertó en ella un subidón de energía como nunca antes había sentido jamás. Con una velocidad sorprendente, Sofía se interpuso entre el lobo y Milena. Su daga brilló con una luz tenue, reflejando la ferocidad de sus ojos. La fuerza misteriosa que la había envuelto antes pareció resurgir, dándole una confianza renovada.
El lobo enemigo gruñó, desafiante. Sofía, enfrentando al depredador con determinación, no retrocedió. Cada uno evaluaba al otro, midien