Vanessa llegó echando chispas a su apartamento, lanzó la puerta, y las llaves las soltó sobre un cuenco de cerámica. Respiraba agitada, tenía el semblante lleno de contrariedad.
—¡Y esa energía tan fea que te cargas! —exclamó Caroline, mirando atenta a su hija. —¿Problemas?
Vanessa dejó caer su cuerpo en un sillón, resopló.
—La señora Knight me echó del concesionario —musitó—, es la mujer más amargada, e insoportable que he conocido, solo piensa en el dinero y la posición social —gruñó y empez