En el apartamento de Vanessa, todo era alegría, música, algarabía. Las niñas se divertían danzando con sus padres, y hasta la abuela Rose se unió al baile, junto con Caroline.
—Pensé que ya te habías oxidado —bromeó Rose con Caroline.
La abuela soltó un bufido.
—Ya vez que te equivocas, querida, yo era muy buena en el baile, me fascinaba hacerlo —mencionó orgullosa—, y veo que tú no te quedas atrás —comentó y la observó con atención. —¿No has pensado en enamorarte otra vez?
Caroline abrió sus