Capítulo 46.
Creo que dejo de respirar cuando veo ese horroroso espectáculo frente a mis ojos, e incrédula retrocedo casi tropezando, teniendo el inmediato instinto de salir corriendo de ahí.
Me quedé en la puerta menos de cinco segundos, pero se lo que vi: Era Jason, con Arleen acostada en su escritorio, y él sobre ella. La maldita perra tenía sus manos en el cuello de mi alfa, abrazándolo con evidente fuerza, y aunque no pude ver la expresión de Jason cuando la besaba, quedó muy claro para mí que también