Capítulo 114.
Sujetando firmemente esa roca entre mis manos, me preparo para darle un nuevo golpe en la cabeza a ese demente, pero más preparado, Luis toma mis muñecas y me detiene, sobrepasando mi fuerza y casi tirándome al piso.
Andrei sale corriendo con rapidez hacia las escaleras, tan obediente e inteligente como yo sé que es, mi adorado hijo intenta encontrar una forma de escapar o hallar ayuda, mientras de reojo observo como baja las escaleras con mucha rapidez.
—Nunca sabes cómo rendirte… ¿No es así?