El mundo de Ivette se había resquebrajado, su infamia logró agrietar el amor entre Daniel y su esposa, así que ella no permitiría que se cerrase, menos si ella podía evitarlo o profundizar en esta. Poco le importaba lo que dijese su hermana o el repudio de su cuñado, quien a fin de cuentas era un infame. Quería a Daniel y estaba dispuesta a recuperarlo, perder no era una opción, ella no era de las que perdí o se rendía.
El auto frenó con ímpetu y casi derrapando en la entrada de la casa. Marina