Pasaron dos días desde la conversación entre él y Katherine en el desayuno. No pudo negar lo mucho que se divirtió en su momento, sin embargo, se había dejado llevar por el imperativo adolescente que habitaba dentro de sí. Verla rabiosa y, sobre todo, ese fuego que se avivaba en sus ojos cada vez que él la hacía perder los estribos, era señal de que la indiferencia no era un problema en su relación.
Aquel día con precisión, los celos se hicieron presentes cuando supo que ella iba a la ciudad co