Después de la cena y cuando el silencio se instauró en la casa, la pareja se retiró a su habitación. El día había sido agotador para Daniel con un inventario que había iniciado para saber qué otras cosas habían robado de la hacienda, además, debió preparar lo de la venta de un ganado convenido con la empacadora de carne, con la que su familia trabajaba desde hace más de treinta años. Cuando Katherine salió de la ducha, él aun revisaba algunos papeles en la cama.
—¡Ah, no, señor Gossec! —protest