El Sol ya hacía gala con su calor característico, para esa época parecía lanzar llamas ardientes sobre esa parte del país, claro que existían sitios más calientes que ese, sin embargo, ni se detuvo a quejarse de lo abrasador que este resultaba. La brisa agitó sus cabellos encegueciéndola, los retiró con arrojo.
Contemplaba que el bipolar no era él sino ella por la forma en la que la hacía sentirse. Ese matrimonio era una montaña rusa de emociones.
—Lo odio, lo odio…. Lo odio. Es un cretino y d