Daniel le acercó la bebida que había pedido para ella. De esa manera no le caía encima igual que un lobo hambriento.
—Tu trago.
Ella lo tomó detallando la expresión en su rostro, pero no obtuvo indicios de nada.
—No voy a morir cuando lo pruebe, ¿cierto? —bromeó.
—¿Crees que quiero matar a la fuente de mi placer?
La joven probó dando un pequeño sorbo y sintió apenas el sabor a alcohol, además del dulzor frutal de la bebida. Asintió en aprobación y volvió a dar otro trago.
—Hum… delicioso