Katherine no era consciente de que se encontraba frente a él, vistiendo el pijama más sexi que tenía.
Anna se lo regaló en su último cumpleaños.
—¡Ángel! —Tuvo que aclararse la garganta antes de continuar—: ¿Estás…? ¿Estás bien?
—Claro, aunque hace unos minutos estaba más que bien, dispuesta a dormirme —protestó ella cruzada de brazos, haciendo que sus pechos se vieran más prominentes y, por ende, tentadores.
Daniel tuvo que hacer un gran esfuerzo por no dejarse llevar por el deseo que comen