Los médicos y enfermeras iban y venían, me suministraban toda clase de medicamentos, yo escuchaba las voces a lo lejos, producto de los tranquilizantes que me suministraron, era inexplicable la sensación que estaba experimentando, el miedo de perder a mi hijo me hacía trizas el alma, y por otra parte lo que estaba sucediendo con Alex definitivamente estaba terminando con las pocas fuerzas que me quedaban . Ahora todo estaba en las manos de Dios y de los médicos que incansablemente luchaban por