Elizabeth.
Después de esa velada inolvidable qué pasamos, Alex y yo regresamos a casa, sólo dormiríamos unas pocas horas, y al día siguiente por fin nos casaríamos, haciendo realidad uno de los sueños más importantes en nuestras vidas. Parecíamos dos adolescentes, los cuales no querían separarse ni un solo momento, no obstante, debíamos hacerlo, pues si no descansábamos, los estragos del desvelo serían más que evidentes al momento de la boda, que seguramente sería maratónica, porque conociendo