Lo esperó tan ansiosa, esa sería la última semana de su estadía en Francia y luego regresarían juntos a casa. Llevaban un mes sin poder verse, los compromisos de Daniel lo habían retenido demasiado. Él mismo había llegado a esos últimos días con un humor que se lo llevaba el diablo.
Lo vio pasar la puerta y corrió a abrazarlo. Se habían extrañado lo suficiente como para obstruir el paso del resto de los pasajeros sin querer salir del abrazo. Durante todo ese tiempo habían estado viajando de un