De nuevo la mirada sospechosa, de nuevo el semblante incrédulo y de nuevo le sostenía la mano debajo del mantel. Otra vez la abuela de Deanna había preparado bocadillos y café y otra vez nadie comía. Pero había un nuevo factor en esta situación que se repetía: Leonard.
- ¿Quiere que le crea todo lo que me dice después de como vi llorar a mi hija por su culpa? – Lo cuestionó Philippa con la voz grave.
- No tengo manera de disculparme ni con usted ni con Deanna –
- ¡Sin dudas! Déjeme decirle que