16° Lealtad y persecución.
Cuando la puerta de la casa se abrió, Rahyra vio como la cara de la mujer que se asomó se ensombreció. Era una mujer entrada en edad, pero aun así se veía en perfecto estado, era más alta que una mujer normal y de brazos fuertes. Cuando vio a su nieto en los brazos de la reina, pálido y sudoroso, estiró las manos y los metió a los dos de un tirón a la pequeña casa cerrando la puerta.
—¿Qué pasó? — preguntó —majestad — saludó a Rahyra y entre las dos lo sentaron sobre una butaca de madera.
—Nos