Capítulo 42 —La esposa enamorada
El salón del hotel Alborada estaba diseñado para convencer a cualquiera de que allí solo ocurrían cosas nobles.
Lámparas doradas, mesas con arreglos florales, copas finas, música suave y una pantalla enorme proyectando imágenes de niños sonrientes, manos unidas y frases sobre esperanza. Todo parecía limpio, demasiado limpio. Vera había aprendido, en muy poco tiempo, que las cosas más sucias solían esconderse mejor entre flores caras y discursos impecables.
Mauro