Hades observaba con pesar la inmensidad de la noche ante él, el cielo nocturno se alzaba en su máximo esplendor, salpicando la cúpula azul oscuro con millones de pequeños diamantes que destellaban.
El cuerpo de él estaba algo encorvado, mientras se inclinaba sobre la barandilla del balcón de la torre expuesta, mirando las vastas extensiones de tierras que le pertenecían.
Lyra llegó hasta él cansada, con la respiración irregular y algo agitada, mientras sentía como su corazón latía con fuerza en