Hades se quedó lívido, con el corazón latiendo con la potencia de mil caballos en el centro de su pecho, mientras observaba el rostro de Lyra. Allí, ante la mirada de las estrellas, Hades pudo contemplar que no había duda, vacilación o arrepentimiento en cada rasgo del rostro de ella, por el contrario, sólo una firme confianza parecía haberse apoderado de la misma.
Las palabras de la hermosa mujer de cabello dorado como el sol se deslizaron dentro de su mente, logrando llenarlo de luz, una luz