Para mala suerte de la hermosa chica de mirada azul y dorada, el estar entretenida con las labores diarias solo había servido para que el tiempo se pasara extremadamente rápido, incluso más veloz que un suspiro en mitad de la noche.
Luego de tomar una larga ducha, ella se limitó a deambular por su habitación, puesto que se había excusado en no ir a cenar, aseverando que estaba saciada. En realidad, su estómago gruñía tanto que parecian una bestia rugiendo en medio del bosque, pero no se atrevía