La mirada púrpura del rey estaba fuera de sí, viajando entre Rhaegal y Lyra, mientras unos celos venenosos se apoderaban de sus facciones, contorsionandose de tal modo que volvía su rostro aterrador.
Lyra hizo el ademán de retroceder un paso, sin embargo su espalda ya se encontraba contra la pared, por lo que no logró escapar mucho más del hermoso Hades.
Rhaegal, muy por el contrario, avanzó medio paso, colocándose entre ambos, mientras deslizaba las manos dentro del bolsillo y le obsequiaba un