—¿Cómo demonios se te ocurre escapar del castillo solá?—graznó Rhen con su mirada azul y dorada clavada en ella como dardos.
—Estaba molesta ¿Si? no me juzgues—respondió Lyra, metiéndose un trozo de comida en la boca.
—¿Que no te juzgue? Podrias estar muerta si ese idiota no te hubiera rescatado—arremetio Rhen demasiado molesto, algo que era muy poco habitual en el.
—Podrias no, con seguridad estarias muerta de no ser por ese idiota—agrego Miles, con tono muy serio, mientras erguia su postura y