Lyra:
Peter no soltó su mano ni un segundo desde que la tomó junto a las rosas del jardín.
Durante todo el trayecto, el la escoltó por el castillo con pasos firmes y seguros, entablando una conversación trivial y afable relacionada con algún objeto o pintura que apareciera en su camino de manera ocasional.
Sin embargo, Lyra distaba mucho de aquel mundo de elegancia y sofisticación; a ella poco le importaba el significado de una pintura, no cuando por su mente pasaban problemas de mayor índole.