El aroma embriagador a algo cítrico que ella no logro identificar, mezclado con el calor que emanaba su propio cuerpo la dejo completamente aturdida, embelezada y casi himnotisada, perdida en aquella profunda mirada púrpura.
—Dimelo, Lyra… cual es tu más profundo deseo—volvio a repetir el, mientras sus labios comenzaban a deslizarse alrededor de su cuello, como una gentil y sensual caricia.
Muy lejos de ser algo romántico, para Hades aquello era meramente un intento de tentarla para obtener la