A diferencia del tranquilo y elegante ritmo de caminata de Peter, Hades derrochaba sobria sensualidad en cada paso que daba.
Mesiendo su cuerpo con el baiben de sus caderas, era capaz de hechizar a cualquier ojo que tuviera el descaro y las agallas de observar al rey de las sombras durante más de diez segundos.
—¿Sabes algo, Lyra?—comenzo a decir Hades aún escoltandola del brazo—, espero y no te moleste que te llame simplemente por tu nombre, me gusta dejar el formalismo para la corte.
—Esta bi