La mirada, usualmente verde esmeralda de Alexander, ahora se teñía con espantosas manchas oscuras, las cuales lograban oscurecer mas y mas su mirada, volviéndola mas profunda, cruel y distante. Una mirada que ciertamente no parecía pertenecerle al mismo hombre que proclamaba palabras de amor con tanta belleza y soltura. El mismo que habia logrado consolar a la bella prostituta en sus momentos mas oscuros.
Alexander avanzo hacia Max con su mirada clavada en el. Una mirada propia de un asesino.