Las palabras iban y venían dentro de su mente. Volviendose ajenas y parte de el, de una manera extraña y casi gloriosamente perfecta. Aun asi, Alexander caminaba por los pasillos de su edificio como un zombie.
Peor que eso, si se quería pensar. Al menos los zombies de las películas parecian tener un motivo para habitar aquel mundo tan cruel. El millonario, por la sombria y distante expresión de su mirada, parecía no tener motivo alguno.
—Alec…—lo llamo Simon, atrayendo su atención, mientras su