Alexander abrió los ojos, y pudo jurar que aquella era la primera vez que miraba el mundo realmente.
El calor de Bianca a su lado, acurrucada desnuda contra su cuerpo en iguales circunstancias era el cable a tierra que necesitaba para que sus pensamientos volvieran a centrarse en ella y no se dilataran a otras cosas.
Durante algunos instantes el contemplo su desnudez, meravillandose de la suavidad de su piel y firmeza de sus musculos, incluso en estado de relajación total. Su cabellera oscura c