El ceño de Simón estaba fruncido, mientras lo observaba junto al escritorio, con los brazos cruzados sobre su pecho.
—Deja de mirarme así—se quejo Alexander, con disgusto hacia su hermano.
El chico de cabello tintado bufo, mientras rodaba los ojos.
—Deja de hacer estupideces y no te mirare de ese modo—respondió a la defensiva, sin dejar de arrugar el ceño.
Alexander suspiro, mientras elevaba las manos hacia arriba.
—¿Qué se supone que debía hacer, Simón? No tenía otra opción…
—Claro que tenias