Paula apretó los puños, contó hasta diez, conteniéndose, pero las burlas y humillaciones, seguían.
—Ningún trabajo es deshonra, pero ustedes desconocen de eso, porque no saben lo que es ganarse el pan con el sudor de la frente —rebatió Paula, respirando agitada.
La pareja carcajeó al escucharla.
—Ahora te defiende tu empleada de servicio —dijo Fátima, miró a Paula con desdén.
La mirada de Andrés se oscureció por completo.
—Ella no es mi empleada. —Tomó por la cintura a Paula, la pegó a