Cocinar la cena nunca había sido tan divertido para Paula, como hacerlo con la ayuda de Juan Andrés, él era un completo desastre, pero había que reconocer que se esforzaba, y eso hinchaba de orgullo el corazón de ella.
—Bueno, creo que todo quedó listo —dijo Paula, sonrió, y rozó los labios de él—, gracias por la ayuda.
Juan Andrés observó la cortadura que se hizo en el dedo, luego de picar unos tomates, frunció los labios.
—La cocina no se hizo para mí —rebatió, tomó de la cintura a Paula, y